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¿Las tareas escolares ayudan o perjudican?

Mi ensayo sobre las tareas: el estrés que generan, la brecha entre familias que pueden y no pueden ayudar, lo poco que aportan en básica y qué propongo en su lugar.

Por Isidora Benito (Miss Isi)Profesora de Educación Básica Bilingüe · · 5 min de lectura
Un papá y su hijo hacen juntos una tarea en la mesa de la casa, con plumones de colores

En pocas palabrasLas tareas se dan para reforzar lo aprendido y crear hábitos de estudio, pero en exceso hacen más daño que bien: aumentan el estrés, agrandan la brecha entre los niños que tienen ayuda en la casa y los que no, y en básica casi no mejoran el rendimiento. Propongo menos tareas, cortas y con un propósito claro, y más proyectos y trabajo en clase.

Para qué se inventaron las tareas

Las tareas han sido siempre parte del colegio, y la idea detrás es buena: repasar en la casa lo que se vio en clases y, de paso, formar hábitos de estudio. Quienes las defienden dicen que dan disciplina y mejoran las notas.

Pero en los últimos años han crecido las preguntas sobre la salud mental de los alumnos, sus niveles de estrés y las diferencias entre lo que cada familia puede ofrecer en la casa. Por eso vale la pena revisar si las tareas están cumpliendo su objetivo.

Mi postura es que, en exceso, las tareas perjudican más de lo que ayudan: aumentan el estrés, agrandan la desigualdad y no mejoran de forma importante el rendimiento.

Cuando la tarea se vuelve la principal fuente de estrés

Un estudio de la Universidad de Stanford con más de 4.000 alumnos encontró que el 56% consideraba las tareas una de sus principales fuentes de estrés, y muchos contaron que les provocaban dolores de cabeza, agotamiento y falta de sueño. El estudio se hizo en colegios de enseñanza media muy exigentes de California, así que no es una foto de Chile, pero sí una señal de alerta.

Las tareas buscan reforzar lo que se aprende en clases, pero cuando aumentan en cantidad y dificultad pueden generar estrés, ansiedad y agotamiento, incluso en los alumnos a los que les va muy bien. Esa presión constante termina bajando la motivación y el bienestar: la tarea, que debía ayudar a crecer, termina frenando el aprendizaje.

Por eso creo que profesores y colegios tenemos que buscar un equilibrio entre lo que exigimos y lo que los niños pueden sostener, para que las tareas ayuden a aprender sin costarles la salud.

Tareas que agrandan la brecha

Las tareas no pesan igual en todas las casas. Hay niños que tienen a un adulto disponible, un lugar tranquilo y materiales; otros tienen papás que trabajan hasta tarde, hermanos chicos que cuidar o nadie que pueda explicarles.

Un trabajo de 2023 de la Universidad Estatal de California en Chico, sobre alumnos de básica, llega a la misma conclusión: los niños necesitan apoyo para hacer sus tareas, y los que vienen de hogares con menos recursos tienen más dificultades para terminar las mismas tareas que sus compañeros. En esas casas, la tarea suele terminar en discusiones, frustración y desinterés.

Así, la tarea deja de medir lo que el niño aprendió y pasa a medir la ayuda que tuvo en su casa. Los que no tienen ese apoyo se van quedando atrás, y eso afecta sus oportunidades a largo plazo.

¿Mejoran las notas?

Quienes defienden las tareas dicen que forman disciplina, refuerzan lo aprendido y preparan para los desafíos que vienen. La evidencia es más matizada. Una revisión de casi dos décadas de estudios, publicada en 2006 por el psicólogo Harris Cooper y su equipo, encontró que en básica la relación entre tareas y rendimiento es muy débil; el beneficio aparece con más claridad recién en los cursos superiores.

Es decir, en los primeros años llenar la tarde de tareas no se traduce en aprender más. Lo que sí funciona es el trabajo significativo en clases y los proyectos: experiencias activas, en grupo, que hacen pensar y que ayudan a entender y recordar mejor.

Esto no deja a los papás fuera. Su rol es clave, pero va por otro lado: acompañar la formación del carácter de sus hijos y prepararlos para los desafíos que vendrán.

Lo que propongo

No se trata de eliminar las tareas de un plumazo, sino de repensarlas:

  • Menos y con propósito. Una tarea corta, que se entiende para qué sirve, vale más que una hoja larga de ejercicios repetidos.
  • Más proyectos en clases. Trabajos en grupo e investigaciones que se hacen en el colegio, con el profesor al lado.
  • Que no dependan de la ayuda en la casa. Si un niño no puede hacer la tarea solo, la tarea no está bien planteada.
  • Cuidar el descanso. Dormir, jugar y compartir en familia también es parte de aprender.

El ensayo original, en inglés

Este artículo es la versión en español de mi ensayo Does Homework Help or Harm? A Case for Reconsideration, que escribí en inglés. Puedes leerlo completo, con sus referencias:

Leer el ensayo original (PDF, en inglés)

Fuentes

  • Cooper, H., Robinson, J. C. y Patall, E. A. (2006). Does homework improve academic achievement? A synthesis of research, 1987-2003. Review of Educational Research, 76(1), 1-62. doi.org/10.3102/00346543076001001
  • Galloway, M., Conner, J. y Pope, D. (2013). Nonacademic effects of homework in privileged, high-performing high schools. The Journal of Experimental Education, 81(4), 490-510. doi.org/10.1080/00220973.2012.745469
  • Parker, C. B. (10 de marzo de 2014). Stanford research shows pitfalls of homework. Stanford Report. news.stanford.edu
  • Ramirez Herrera, G. (2023). How do inequalities in homework affect elementary school students? California State University, Chico. scholarworks.calstate.edu
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