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Cómo lograr que tu hijo quiera aprender, sin premios ni castigos

Qué dice la investigación sobre premios y castigos, y ocho ideas simples para que tu hijo aprenda porque quiere, no por la recompensa.

Por Isidora Benito (Miss Isi)Profesora de Educación Básica Bilingüe · · 6 min de lectura
Niña escribe concentrada en su cuaderno, sentada frente a su computador portátil

En pocas palabrasLa motivación intrínseca aparece cuando un niño aprende porque le interesa, se siente capaz y tiene algo de control sobre lo que hace. Los premios y castigos pueden servir para cosas puntuales, pero usados para todo tienden a apagar el interés propio. Lo que más ayuda es dar opciones, proponer desafíos a su medida, valorar el esfuerzo y cuidar el vínculo.

Premios y castigos: el conductismo en la casa

Una estrellita por cada tarea terminada, plata por cada 7, un juego nuevo si le va bien en la prueba o nada de celular si le va mal. Muchos crecimos así, y es lógico repetirlo: es rápido y a veces funciona.

Detrás hay una idea que en educación se llama conductismo: se aprende por las consecuencias externas, repitiendo lo que trae un premio y evitando lo que trae un castigo. Sirve para algunas conductas simples y concretas, pero tiene un costo cuando la usamos para todo lo que tiene que ver con aprender: el niño empieza a estudiar por el premio y no por lo que está aprendiendo.

Por qué los premios pueden apagar las ganas

En un estudio clásico de 1973, un equipo de psicólogos observó a niños de preescolar a los que les encantaba dibujar. A un grupo le prometieron un diploma por hacerlo; a otro no le prometieron nada. Una o dos semanas después, en su tiempo libre, los que habían dibujado a cambio del diploma dibujaban cerca de la mitad que los demás. El premio había convertido un juego en una tarea.

No es un caso aislado. Una revisión de 128 experimentos publicada en 1999 encontró el mismo patrón: los premios materiales que se prometen por hacer una tarea tienden a bajar el interés propio por esa tarea. En cambio, reconocer con palabras lo que hizo bien no tiene ese efecto.

Con los castigos pasa algo parecido. Pueden cortar una conducta en el momento, pero enseñan a evitar el problema más que a entenderlo. Un niño que teme equivocarse aprende a esconder sus errores, y el error es justamente donde más se aprende.

Qué sí despierta las ganas de aprender

La teoría de la autodeterminación, de los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, explica que la motivación que nace de adentro (la motivación intrínseca) crece cuando se cumplen tres necesidades:

  • Autonomía: sentir que tiene algo de control sobre lo que hace y cómo lo hace.
  • Competencia: sentirse capaz, con desafíos que le cuestan un poco pero que logra.
  • Vínculo: sentirse querido y respetado por quien le enseña, también cuando se equivoca.

Cuando un niño estudia porque le interesa, porque se siente capaz y porque confía en quien lo acompaña, no necesita un premio para seguir. Y suele aprender más a fondo.

8 ideas para aplicar en casa

  1. Dale opciones reales. «¿Empiezas por matemáticas o por lenguaje?», «¿lo escribes a mano o en el computador?». Elegir el cómo le da sensación de control, aunque el qué no se negocie.
  2. Explica el para qué. Las fracciones sirven para duplicar una receta; el inglés, para entender su serie favorita sin subtítulos. Lo que tiene sentido se aprende con más ganas.
  3. Busca el desafío justo. Ni tan fácil que aburra ni tan difícil que frustre. Si se bloquea, divide la tarea en pasos más chicos; si se aburre, súbele un poco la dificultad.
  4. Valora el esfuerzo, no la inteligencia. «Se nota que practicaste» ayuda más que «eres tan inteligente». Los niños a los que se elogia por su esfuerzo suelen enfrentar mejor los desafíos difíciles que los que escuchan que son inteligentes.
  5. Cambia el premio por la conversación. En vez de «si sacas un 7 te compro algo», pregúntale qué aprendió, qué le costó y cómo lo resolvió. Que te lo explique es, además, una de las mejores formas de estudiar.
  6. Deja que se equivoque. Trata el error como información: «¿dónde crees que se enredó?». En mis clases equivocarse está permitido, y eso cambia mucho la forma en que un niño se enfrenta a lo difícil.
  7. Conecta con sus intereses. Si le fascinan los dinosaurios, que lea, escriba y haga cálculos sobre dinosaurios. El interés es la puerta de entrada.
  8. Muestra tu propia curiosidad. Los niños imitan lo que ven: si te ven leer, preguntar y buscar respuestas, aprender se vuelve algo normal en la casa.

Frases que ayudan

En vez dePrueba con
«Si sacas un 7 te compro un juego»«¿Qué te gustaría entender mejor de esta materia?»
«Eres tan inteligente»«Se nota cuánto practicaste»
«Si no terminas, no hay tele»«Terminemos esta parte y después descansamos»
«Es facilísimo, ¿cómo no te sale?»«Es difícil, por eso lo estamos practicando»
«Otra vez te equivocaste»«Buen error: ¿dónde crees que se enredó?»

¿Entonces nunca un premio?

No se trata de prohibir cualquier celebración. Una sorpresa que no se prometió de antemano, o celebrar juntos después de un logro grande, no tiene el mismo efecto que un «si haces esto, te doy esto otro»: en el estudio de 1973, los niños que recibieron el diploma sin esperarlo siguieron dibujando igual que antes.

Un incentivo chico también puede ayudar a partir con algo que no tiene nada de entretenido, como una rutina nueva, siempre que sea temporal y lo vayan dejando. Y los límites claros siguen siendo necesarios: la diferencia está en explicarlos y mantenerlos con calma, no en asustar ni humillar.

Para saber más

  • Lepper, M. R., Greene, D. y Nisbett, R. E. (1973). Undermining children's intrinsic interest with extrinsic reward. Journal of Personality and Social Psychology, 28(1), 129-137. doi.org/10.1037/h0035519
  • Deci, E. L., Koestner, R. y Ryan, R. M. (1999). A meta-analytic review of experiments examining the effects of extrinsic rewards on intrinsic motivation. Psychological Bulletin, 125(6), 627-668. doi.org/10.1037/0033-2909.125.6.627
  • Ryan, R. M. y Deci, E. L. (2000). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 55(1), 68-78. doi.org/10.1037/0003-066X.55.1.68
  • Mueller, C. M. y Dweck, C. S. (1998). Praise for intelligence can undermine children's motivation and performance. Journal of Personality and Social Psychology, 75(1), 33-52. doi.org/10.1037/0022-3514.75.1.33
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